Después de siete años de noviazgo María y Jeanpiero decidieron caminar hacia el altar, mientras escribo esta nota aun recuerdo lo radiante que se veía María en la celebración de la misa que los unió para siempre, acto que entre risas y lagrimas transcurrió de forma natural y cargado de mucha emotividad, hasta que uno de los niños presente paralizó el corazón de todos los asistentes y a los novios, ya que en el momento en el que el padre pregunta si alguien se oponía a la unión de los contrayentes el pequeño respondió que sí.









